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La nueva Ley de Empresa Familiar en Madrid: un impulso decisivo al relevo generacional del pequeño empresario

  • Foto del escritor: Asesoría Zenitharix
    Asesoría Zenitharix
  • hace 6 días
  • 3 Min. de lectura
La Comunidad de Madrid ha iniciado la tramitación de una nueva Ley de Empresa Familiar que, más allá del titular fiscal, supone un mensaje claro al tejido productivo: facilitar la continuidad de los negocios familiares y proteger al pequeño empresario en uno de los momentos más delicados de su vida empresarial, el relevo generacional.
El eje central de esta futura norma es el incremento de la reducción aplicable en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones para la transmisión de empresas familiares, que pasará del 95 % previsto en la normativa estatal al 99 % en el ámbito autonómico madrileño. Aunque a primera vista pueda parecer una mejora marginal, su impacto práctico y simbólico es muy relevante.


Un beneficio fiscal que va más allá del ahorro inmediato
Conviene aclarar un aspecto técnico fundamental: no estamos ante una bonificación sobre la cuota, sino ante una reducción en la base imponible del impuesto. Esto significa que el valor de la empresa que realmente tributa se reduce de forma drástica, quedando únicamente un 1 % sujeto a gravamen.
Desde el punto de vista fiscal, esta diferencia no es menor. Las reducciones en base forman parte del núcleo estructural del impuesto y ofrecen una mayor seguridad jurídica, especialmente en escenarios de planificación a largo plazo, donaciones en vida o posibles cambios futuros en la política fiscal autonómica.
Para el pequeño empresario —autónomos con negocio propio, profesionales con despacho o familias con participaciones societarias— este diseño reduce prácticamente a cero el coste fiscal de transmitir su proyecto vital a la siguiente generación.

El relevo generacional como problema estructural
España, y Madrid no es una excepción, se enfrenta a un problema silencioso: miles de pequeñas empresas viables desaparecen cada año por la falta de un relevo generacional ordenado. En muchos casos, no es la ausencia de herederos lo que impide la continuidad del negocio, sino el temor a una carga fiscal que obligue a vender activos, endeudarse o incluso cerrar.
Esta reforma ataca directamente ese problema. Al eliminar casi por completo la fricción fiscal en la transmisión, se facilita que los hijos continúen con la actividad sin necesidad de descapitalizar la empresa desde el primer día.
Condiciones razonables y alineadas con la realidad empresarial
El beneficio no es automático ni indiscriminado, y eso es una buena noticia. La norma exige que el nuevo titular mantenga la empresa o las participaciones durante un plazo mínimo de cinco años. Este requisito, ya conocido en el régimen estatal, persigue un objetivo lógico: garantizar que el incentivo fiscal se destina a preservar tejido productivo y empleo, no a operaciones especulativas.
Desde una perspectiva empresarial, cinco años es un plazo razonable que encaja con los ciclos normales de consolidación de un nuevo gestor y con la visión de continuidad que define a la empresa familiar.

Una señal clara al pequeño empresario
Más allá de la cifra concreta del 99 %, esta ley envía una señal política y económica clara: Madrid apuesta por la empresa familiar como pilar de su economía. No hablamos de grandes grupos ni de estructuras complejas, sino del bar, la farmacia, el taller, la asesoría, la pyme industrial o el comercio que ha sostenido durante décadas el empleo local.
Para estos empresarios, muchas veces más preocupados por la supervivencia del negocio que por sofisticadas estrategias fiscales, contar con un marco claro, estable y favorable marca la diferencia entre planificar el relevo o dejarlo al azar.

La futura Ley de Empresa Familiar de la Comunidad de Madrid no es solo una rebaja fiscal. Es una herramienta de política económica orientada a proteger la continuidad de miles de pequeñas empresas, a fomentar la planificación sucesoria y a evitar la destrucción innecesaria de negocios viables.
En un contexto de envejecimiento del empresariado y de creciente presión regulatoria, medidas como esta no solo alivian la carga fiscal, sino que aportan algo aún más valioso: certidumbre. Y para el pequeño empresario, pocas cosas son tan importantes como saber que el esfuerzo de toda una vida puede continuar sin que los impuestos se conviertan en el principal obstáculo.
 
 
 

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